Un cortometraje maldito que ya ha visto la luz de las pantallas

Fue el primer cortometraje que rodó y el último que ha logrado estrenar. «La sopa (de mis lamentos)» es una obra «maldita» para el joven realizador de origen soriano Josian Pastor. Buenos y muy malos recuerdos le trae a la cabeza esta ópera prima en el mundo del corto que ha sufrido diversos avatares técnicos y humanos y que ha tenido que adaptarse a los acontecimientos.
SONIA ALMOGUERA. Soria.
Fue el primer cortometraje que rodó y el último que ha logrado estrenar. «La sopa (de mis lamentos)» es una obra «maldita» para el joven realizador de origen soriano Josian Pastor. Buenos y muy malos recuerdos le trae a la cabeza esta ópera prima en el mundo del corto que ha sufrido diversos avatares técnicos y humanos y que ha tenido que adaptarse a los acontecimientos. «Desde el principio nos dio problemas. Casi nos lleva a la ruina», comenta Pastor, cuyos recuerdos de la infancia evocan juegos y divertimentos en la localidad soriana de Barca. La semana pasada, después de casi nueve años desde que se puso por primera vez en marcha el motor de la cámara prestada con la que comenzó a rodarse, una copia en 16 mm editada de «La sopa (de mis lamentos)» en Londrés se estrenó en la Filmoteca de Zaragoza.

Este ejercicio de «coger el fracaso por los cuernos» con el que Josian Pastor ha querido exorcizar los retrasos, problemas y giros narrativos obligados por las circunstancias (uno de los bebés protagonistas murió de meningitis años después de rodarse las primeras imágenes) y sacar adelante el proyecto le ha llevado también a reconocer los buenos momentos que le ha proporcionado este cortometraje, la historia de un asesinato por el que un juez se ve abocado a huir a la calle tras la muerte de su hijo. De corte experimental, la obra está rodada en blanco y negro y en color. «Es lo primero que rodé y lo último en estrenarse. Me trae buenos y malos recuerdos», explica el realizador. Luis Alegre y Nacho Rubio (hoy conocido como uno de los empleados de la oficina de la serie televisiva «Cámera Café«) protagonizan este cortometraje. «Cuando les conté que estrenábamos el corto ni se lo creían», afirma el director.

Josian Pastor cree que con cada nuevo proyecto cinematográfico «se va aprendiendo y mejorando». No obstante asegura que cuanto más lucha por saber algo de cine, «me voy dando cuenta de que no sé nada», apunta este proyeccionista de profesión que dice sentir «un extraño amor» por el séptimo arte.

Pendiente de estreno tiene su cuarto cortometraje en celuloide, «Un trato hacia el desencanto«, una obra rodada casi íntegramente en tierras sorianas a finales del año 2005. Segunda parte de lo que con el tiempo será una trilogía («El hedor de la muerte«, también rodado en Soria, la inició), es una historia estratificada en tres partes. «Una se desarrolla en la época medieval, otra en la postguerra y la tercera en el presente», cuenta el cortometrajista, que espera que la obra pueda verse en Soria.

«Un trato hacia el desencanto» es una fábula sobre el destino que ha encontrado en Bordecorex, la colegiata y el castillo de Berlanga, la Dehesa de fresnos centenarios de Rebollo de Duero y la Dehesa de Barca, sus escenarios naturales. Actualmente el equipo está terminando de montar y sonorizar esta obra, que espera poder presentar al Certamen de Cortometrajes Ciudad de Soria y que cuenta con algunas subvenciones de instituciones y entidades sorianas. En este sentido, está muy contento porque «las instituciones se han mojado» con este cortometraje. «Uno puede arruinarse rodando un corto», afirma Pastor. Con sinceridad, el cortometrajista afirma que «Un trato hacia el desencanto» es «lo mejor que he hecho ahora». Este admirador de Andrei Tarkovky («Andrei Roblyov», «Solaris», «Sacrificio»), piensa cerrar su trilogía con un cortometraje dedicado a la soledad. «El per ro de dios» será su título, aunque Pastor tiene aún que desarrollar el guión. «Yo creo que se rodará en Soria», afirma el realizador, que se confiesa fascinado por Orson Welles y el estilo «inalcanzable» del Carl Theodor Dreyer» («La pasión de Juana de Arco, «Ordet»).

De momento no se plantea su salto al mundo del largometraje. No obstante, «es una cosa que tengo en la cabeza», afirma. Para él, que hace muchos años decidió dedicarse al cine, poder rodar un largometraje sería «un sueño». Afirma sin embargo que esa posibilidad le da «respeto».

Rodar un cortometraje entraña cierto trabajo altruista, pero para rodar un largometraje «hay que tener las cosas claras» y, sobre todo, financiación. «Es demasiado dinero», afirma el realizador.

Le gustaría que su próximo cortometraje («La sopa de mis lamentos» está realizada en 16 milímetros, por lo que es muy difícil que se pueda ver en las salas cinematográficas sorianas) pudiera estrenarse en la tierra donde ha vivido algunos años y pasado tantos veranos