| Pasaron los faustos del 2002, cuando Bordecorex fue lugar de convocatoria con el pretexto de cumplirse diez siglos de la derrota y muerte del moro Almanzor. En aquel verano se superaron las previsiones, y miles de turistas recorrieron sus empinadas callejas sacando fotos del ábside románico y de las peñas, por donde siempre hay algún buitre sobrevolando. Después, se apagaron las músicas y el pueblo se encerró en su paz antañona, sin que ni su ayuntamiento ni la Asociación Cultural Río Torete hayan dejado de mirar hacia el futuro. El caso es que si en un fin de semana te pasas por el lugar, encuentras a los vecinos -y a los un día se fueron, y en cuanto pueden vuelven- en constante hacendera y quehacer, si bien, cuando toca cosa de esfuerzo siempre están los que trabajan y los que opinan sobre la mejor forma de llevar el carretillo. Bordecorex sorprende al visitante como pueblo ejemplar y se precibe el respeto a las piedras y el cuidado del entorno. Sus gentes, hospitalarias, si te llegas allí en un día frío, enseguida te hacen un hueco junto a la estufa de su centro social.
Emociona esa Escuela del Ayer que es museo de recuerdo y de evocación, y ahora los bordecorejenses están orgullosos de la restauración del retablo renacentista de San Miguel Arcángel, del siglo XVI , que será punto visitable en la temporada turística que viene. |