Florido pensil

Javier Narbaiza

De Villasayas a Fuentegelmes está malo el camino, pero la fe y el todoterreno te permiten llegar hasta Bordecorex. Primera cuestión: ¿Por qué no se habilita una carretera que vertebre comunicaciones y zonas? Llegamos al pueblo, que surge apiñado, medieval y bello. Repito visita y llevo compañía.

La Escuela- Museo de Bordecorex luce exacta a la que se cerró, años ha, y tornan emociones ante los pupitres bipersonales, con sus tinterillos de loza, coronada la pared con el retrato de un Franco marcial y de una Virgen entre nubes; con mapas de la Europa de entonces, pesas y medidas, la enciclopedia de Álvarez y un compás de madera. Si cierras los ojos  puede llegarte la voz de tu maestro de infancia,  contando lo del área y la hectárea, o el rimero de fechas clave de la historia, que si las Navas de Tolosa, el Descubrimiento de América, o la guerra de la Independencia, hitos que ningún infante, ni siquiera los más berroqueños de mente, podía desconocer.

No se exhibe en Bordecorex la vara de fresno, que los maestros solían esconder en el cajón, y el método era infalible, al menos, para recordar batallas y elementos de doctrina, que ahora soltamos, sin dudar, que lo de las Navas fue en 1212. Era aquella España nacional-católica de cuya semblanza tanto nos reímos en la representación de la obra El florido pensil.

Fue dura la enseñanza nuestra, sin medios, con mucha memorización, con temor al maestro y más a los padres, que nos presentaban al pedagogo como Abraham debió llevar a su hijo Isaac: “Pues Vd. ya sabe, si el chico es malo o cerril, me trae la piel y no me dé explicaciones”.

Emilio Gil y otros amigos de Bordecorex, que aprendieron en esa escuela,  se han defendido bien en la vida, han descollado en sus cometidos, y luego han vuelto al pueblo donde han construido magníficas casas, con diseño armonioso, si bien han precisado de las manos de un paisano como Florencio, que es casi un mago albañil, y también han montado la dinámica Asociación Río Torete.

Decía, que en aquel retroceso al pasado escolar, a uno le venían a la mente esos conceptos socializadores y vigentes de la “educación más equitativa”, o el “aprendizaje lúdico”, y tantas monsergas que pretenden terminar con el esfuerzo, la competitividad, y hasta con el músculo de la memoria. Mirando a los venideros, pensaba en que esos alumnos de la LOGSE y de lo que venga, a pesar de que hayan “progresado adecuadamente”, les costará bandearse como quienes  bebimos nuestros fundamentos intelectuales en una escuela parecida a la de Bordecorex, donde vengo a descubrir, en uno de sus anaqueles, aquella letra inextricable: Fuiste de gloria florido pensil; / hoy reverdecen a un impulso juvenil./ Veinte naciones coronan tu sien:/  ¡Arriba España!